“NO DIGO NADA”, “NO HAGO NADA”

Existe otro tipo de pensamiento distorsionado que se conoce como falacia de recompensa divina, yo lo llamaré simplemente como falacia de la recompensa debido a que sí creo en la recompensa divina pues así lo afirma categóricamente el libro bíblico de Hebreos 11: 6 “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.

Pero eso no quiere decir que no tomemos una actitud proactiva, responsable en la vida que nos lleve a defender nuestros derechos cuando son atropellados. Se ha dicho muchas veces que el cristiano tiene que ser manso pero no menso.

La falacia de la recompensa espera sólo cobrar algún día todo el sacrificio y abnegación y luego se resiente cuando comprueba que la recompensa no llega.

Ejemplos: 
“He trabajado duro para criar a  mis hijos y mira como me pagan”
"El día de mañana me lo pagarán”. 
“mi jefe me está explotando, pero estoy tranquilo porque el tiempo pone a cada uno en su sitio”
Una mujer toleraba que su marido llegara bebido a altas horas y lanzara gritos e insultos. Ella se decía: "Si aguanto el día de mañana se dará cuenta de lo que hago por él”.

El tema aquí es la tendencia a no buscar soluciones factibles a problemas y dificultades en el presente suponiendo que la situación mejorará “mágicamente” en el futuro, o uno tendrá una recompensa en el futuro si la deja tal cual. Esta forma de actuar pasiva trae consigo un malestar innecesario y resentimiento cuando la situación no mejora en el tiempo. 
Cabe resaltar las características de la persona con estilo pasivo que tiene que poner atención para cambiar: 
No sabe defender sus derechos y decisiones, ni actuar ni comunicarse de manera eficaz. 
Se acobarda, actúa en función de lo que los demás siempre juzgan
No dice lo que piensa o siente. 
Normalmente acata las decisiones de los demás sin pensar en que el resultado podría ser negativo
Es dócil, sumiso ante los demás, de eso se aprovechan de él. 
Se siente inferior a los otros.

¿Cómo remediamos esta manera de pensar?
En primer lugar busquemos soluciones al presente malo y dificultoso. No sólo esperar que el tiempo mejore las cosas. Es decir, tomar una actitud proactiva. 
Segundo, preguntarse: ¿Qué pasos podría ir tomando ya?

Rasgos ideales de una persona con estilo de comunicación asertivo:
Sabe defender de forma eficaz y adecuada sus derechos y decisiones sin agresividad ni cobardía.
Expresa sus pensamientos, convicciones y sentimientos, respetando lo de los demás. 
Dice lo que piensa o siente con respeto. 
Se coloca en el lugar de los demás
Escucha al otro. 
Participa sin miedos. 
No deja que se aprovechen de él. 
Procura ser positivo. 
Negocia, dialoga.

Muchas personas han sido enseñadas para  no levantar la voz, se dice que es para no crear conflictos o no entrar en peleas. Se nos ha enseñado sólo a tolerar lo que nos caiga sin reaccionar un mínimo ante una situación que podría considerarse un atropello pensando sólo que un día seremos recompensados. 
Versículos bíblicos para corregir esta distorsión:
Mateo 10:14-15:
“Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.

(Esta es una forma de protesta ante el atropello al derecho de libertad de expresión enseñada por Jesús)

Hechos 22: 24-27:
“Mandó el tribuno que le metiesen en la fortaleza, y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él. Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?  Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano. Vino el tribuno y le dijo: Dime, ¿eres tú ciudadano romano? El dijo: Sí.”

(Pablo apela a su ciudadanía romano ante una injusticia)


Jorge Arévalo
NO DIGO NADA, NO HAGO NADA
Serie: Pensamientos que perturban

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