LA PREPARACIÓN DEL ORADOR Y DEL DISCURSO




En el libro De Oratore Cicerón nos presenta una guía sobre cómo debe ser el orador perfecto. Una obra publicada en el año 46 a. C. y en el cual podemos apreciar algunas pautas que debemos tomar en cuenta a la hora de preparar y presentar nuestros discursos ante una asamblea, organización u otro grupo. El público merece de nosotros los conferencistas una clara exposición, entendible y convincente.

Cicerón en su respuesta a su amigo Lucio Bruto declara que la oratoria no tiene sólo un estilo, sino varias. Y habría que saber que estilo se va aplicar según cada el momento, circunstancia o clase de público.

Estilos
Según Cicerón, existen tres estilos.
El estilo grandilocuente, que es del modo profundo en el pensamiento, elegante en la palabra, serio y que mueve los ánimos. Por lo general son los discursos largos y abundantes como judiciales y políticos,  aunque algo que se debe procurar es no abusar del tiempo libre que te puedan dar. Un axioma a tomar en cuenta es que “lo mucho ofende mucho más que lo poco”.

El segundo estilo, es el sencillo y sobrio, de una exposición clara, concisa, no abundante. Estos son los discursos demostrativos. Se puede apreciar en los predicadores americanos.
Y el tercero, es el intermedio, un estilo punto medio entre las dos anteriores, de un hablar fluido, sencillo pero profundo en el pensamiento a la vez. Se le disfruta en las conferencias de índole motivador.   

El orador perfecto domina estos tres estilos y hablará según sea la situación y el escenario.

Estudios
El orador perfecto para Cicerón debe profundizar sobre filosofía. La filosofía es de un pensar amplio, puede incluir hasta los temas divinos. Cicerón al contrario de la corriente creía que el orador debe aún aprender sobre derecho civil.

En los tiempos modernos diría yo que el orador debe poder enfocar su tema también desde el punto de vista de la sociología, psicología, teología y economía, es decir, debe ser un estudioso continuo de las ciencias y disciplinas para que tenga un contenido enriquecedor y profundo. 

Contenido del discurso
Primero el tema
Para los nuevos en la materia de la oratoria, se debe escoger un tema que sea de su dominio o de su campo y  que tenga experiencia en ello. El mejor discurso será del que conozca muy bien, esto de por sí apaciguará los nervios y llevará al orador a hablar de manera apasionada. 


La introducción
La introducción tiene el propósito de captar la atención del público. A veces uno suele enfrentarse a una audiencia que está distraída, esto ocurre generalmente cuando se va a hablar a jóvenes. Con una llamativa introducción preparas tu público para oír con atención el tema. Puedes contar una buena historia, una anécdota, un anuncio del periódico o hacer una pregunta que incite a pensar. 

Cuerpo o contenido
El tema a compartir debe ser dividido en puntos y sub puntos, dando claridad a lo que se necesite a través de ejemplos, frases, citas. 
Las ideas deben ser bien argumentadas, sólidas, de fuentes confiables. 
Cicerón sugiere darle fuerza al mensaje a la hora que se argumenta, esto se logra exponiendo las falacias y debilitándolas con bases sólidas. Esto apasionará al público. 
Yo sugiero en este punto que el tema se desarrolle respondiendo a tres preguntas concretas: ¿Qué es?, ¿Por qué? y ¿Cómo?
¿Qué? Responde a la idea del tema, el concepto. 
¿Por qué? Responde a la necesidad o importancia de lo que se está hablando. 
¿Cómo? Se da a conocer las propuestas, recomendaciones o estrategias.

Conclusión
La conclusión es como el aterrizaje del mensaje. Debe ser preciso, reflexivo, que apele al corazón y las emociones de la gente. La conclusión debe llamar a la acción y a la puesta en práctica del tema que se trató.

El movimiento y postura del orador
Según sea el escenario el orador debe poder moverse, si tiene un púlpito por lo general mucho de su tiempo estará detrás de él, en posición erguida, sin ir para ningún lado, sólo ayudándose con las manos y gestos. De lo contrario, podrá moverse libremente aunque con moderación, direccionándose a su audiencia a los lados izquierda y derecha, acercándose aunque no mucho. 
Cuidar de no mover demasiado el cuello. Debe procurar ser expresivo y que el público interprete sus sentimientos. Cuando la oración es elevada las manos deben levantarse, y si es bajo, las manos igualmente deben estar en esa posición.

Modo de voz
El cambio de voz es importante, se debe pronunciar en tono agudo en las partes fuertes, tono bajo en las calmadas, tonos graves en los puntos misteriosos o de revelación. Los cambios de voz debe están acordes al sentimiento que se quiera producir en la audiencia.

La elocuencia
Cicerón recomienda dominar la actuación y  que el arte de la palabra esté presente con metáforas, por ejemplo:

''Los campos tienen sed''
''Las mieses están alegres''
''La vegetación es lujosa''

En cuanto a las narraciones, que sean más de las familiares que las de historia. 
Para hablar de manera convincente el orador debe expresar enojo cuando esté hablando de algo grave y serio, y tristeza cuando esté de lamento. 
Los temas deben ser excitantes y producir sentimientos en el auditorio.

Los mejores oradores para Cicerón: 
Cicerón considera a los mejores oradores de su tiempo a:  

  • Pericles, por su estilo grave en la oratoria
  • Lisias, por su prudencia en sus palabras 
  • Tucídetes, por su excelencia al narrar batallas
  • Jenofonte, por su estilo dulce
  • Isócrates, por su capacidad de expresar sentencias y escritos retóricos.



Tres Consideraciones para puntualizar: 
Lo que se dice,  se requiere más prudencia que elocuencia
Cómo lo dice, aquí debemos ser asertivos, tomar en cuenta la susceptibilidad del público. Los puntos del mensaje deben estar en orden: argumentos más sólidos al principio,  los más débiles después.  
Cuándo lo dice, para no caer de impertinente. Cada tema en su momento y lugar.

Iremos ahondando más en cuanto a la forma de los discursos y estilos conforme vamos conociendo a los próximos oradores de nuestra lista.

Algunos refranes: 
“El que sabe pensar pero no sabe expresar lo que piensa está al mismo nivel del que no sabe pensar”, Pericles
“Preparar una presentación sin el público en mente es como escribir un discurso de amor empezando con: “A quién le pueda interesar”, Ken Haemer

Jorge Arévalo
La preparación del orador y del discurso
Serie: Grandes oradores de la historia

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