EL PODER DE TUS PENSAMIENTOS



Amán, un funcionario del imperio Persa, fue el hombre que hizo preparar una horca para Mardoqueo, tío de la reina Esther en la Biblia. Resulta que él murió ahorcado con esta misma horca preparada para su supuesto enemigo.

En la ley boomerang todo lo que tú deseas para tu prójimo lo recibirás tú mismo. Será tu bienestar o será tu muerte.

Jesús enseñó en Mateo 5:44:

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”

La razón es precisamente por esta ley, que garantiza que si bendices serás bendecido, si maldices serás maldecido. Si haces bien, recibirás bien y si oras a favor de tus enemigos recibirás a cambio salvación, paz y victoria para ti.

La ley del boomerang opera en la fluidez de tus pensamientos. Crea cada pensamiento de tu mente sea consciente o inconsciente.

Puedes crear paz, salud y prosperidad alrededor de tu vida, no importando las circunstancias externas, la situación política o económica de tu país. El poder que Dios ha puesto dentro de ti, en tu mente y corazón, es más grande que cualquier poder que opera en este mundo.

Puedes comenzar a  pensar y creer por tus bendiciones en lo específico, la casa que deseas, el auto que ilusionas, el ingreso que anhelas, la salud que esperas, si puedes pensarlo y hablarlo, ésta se manifestará. El Maestro Jesús enseñó: 

“Si puedes creer, al que cree todo le es posible”, Marcos 9: 23


Y la sabiduría del proverbios declara en el 18: 21: 

“La muerte y la vida están en poder de la lengua,
Y el que la ama comerá de sus frutos”

Con tu manera de pensar y hablar puedes crear más deudas, más problemas de salud o más ansiedades en tu vida, o puedes crear riqueza, salud y paz.

Tu manera de pensar correcta hará fluir el poder de Dios en tus situaciones y harán realidad los pensamientos de tu corazón. Tu vida será una manifestación de tus pensamientos. Eres lo que piensas.

“Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él”, Proverbios 23: 7

Jorge Arévalo

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