NO TEMAS, YO SOY TU ESCUDO


El temor es un enemigo que debemos derrotar para siempre en nuestra vida. No debemos permitir que nos robe más de nuestras bendiciones. Los años que nos toca vivir en esta tierra debemos vivirla con la abundancia de su paz, de su victoria y de su prosperidad en todas las cosas. Este es el tiempo para armarnos de fe y de valor. Dios ha dispuesto nuestra victoria. Somos más que vencedores.

Génesis 15: 1 “Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”

Abraham acababa de derrotar a un ejército confederado de 5 reyes y él tenía razones para temer una revancha. Pero Dios viene a él y le dice: “No temas, Abram; yo soy tu escudo”.


Dios es el escudo protector del creyente

Una de las razones más poderosas para no andar en temor, es que Dios mismo es nuestro escudo.  “Yo soy tu escudo”.

El escudo era el arma para cubrir el cuerpo del guerrero. Figuradamente significa que Dios nos cubre, nos protege. En el Salmos 121 dice que es sombra a nuestra mano derecha, es esa sombra que nos cubre de cualquier inclemencia.  

En 1 Samuel 17:7, 41 vemos que las personas distinguidas tenían su escudero, siempre iban acompañados de éstos. Nosotros somos para Dios personas distinguidas, pues somos sus hijos en Cristo, y él se constituye en un escudero para nosotros.    


La fe es el escudo que repele el ataque del maligno

Pablo en Efesios 6 enseña que la fe es el escudo del creyente, dice que sobre todo debemos tomar el escudo de la fe, con que podemos apagar o cancelar todos los dardos de fuego del maligno, Efesios 6: 16. 

Por un lado tenemos a Dios mismo como nuestro escudo protector y por otro lado tenemos nuestra fe que es igualmente un escudo que nos protege de los dardos de fuego del maligno, que los hace rebotar.


El escudo es símbolo del galardón del creyente

En el Antiguo Testamento el escudo también pasó de ser de arma defensiva a significar emblema de gloria, de honor y de pertenencia.

El rey Salomón mandó hacer escudos de oro como símbolo de sus riquezas y prosperidad y los colocó en su casa.

1 Reyes 10: 16-17 dice: “Hizo también el rey Salomón doscientos escudos grandes de oro batido; seiscientos siclos de oro gastó en cada escudo. Asimismo hizo trescientos escudos de oro batido, en cada uno de los cuales gastó tres libras de oro; y el rey los puso en la casa del bosque del Líbano”

Dios le dijo a Abram: “No temas, Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”. Abraham había rechazado los galardones del rey de Sodoma, él pudo haberse hecho más rico con los despojos de su enemigo, pero Dios le dice que “no tema” porque su galardón es en sobre manera grande.

El escudo pasa de ser un arma protector para la vida de Abram para venir a ser un símbolo de honor, gloria y prosperidad que Dios le daría.  

Jesús también da una promesa directa a sus discípulos en Marcos 10: 29 - 30  “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.”

Entonces, cuando Dios dice: No temas: “Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”, nos está diciendo que no tenemos de que preocuparnos de los ataques del enemigo, sólo debemos mantenernos firmes en la fe de la Palabra de Dios y estaremos a salvo. Asimismo debemos estar firmes, confiados en que él como escudo ha dispuesto provisión, prosperidad y exaltación para todos los que creemos en él.

Jorge Arevalo

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